Acá se puede escuchar algo de lo que hace.
Para poder construir, necesitamos un montón de conocimientos y mucho trabajo coherente. Para destruir, necesitamos una maza y algo de trabajo aleatorio. Pero ¿Que pasa si aprendemos a construir con una maza? Eso es el ruido Sagrado.
miércoles, 31 de octubre de 2007
Acá se puede escuchar algo de lo que hace.
jueves, 4 de octubre de 2007
martes, 21 de agosto de 2007
La experiencia fue buena. Lo que recuerdo es haber tenido en mi adolescencia cierta aridez en la escucha. Hoy, merced a mi obstinación con entender algunas estructuras (a mucho de eso yo le llamo ruido) sencillamente fue una audición placentera y no hubo aridez alguna.
Realmente no recordaba más que algunas cosas escuchadas recientemente en programas de progresivo vernáculos y la sensación ya mencionada. Así que me puse a buscar algo y encontré la historia de la banda. No se si tengo que lamentarme de que la banda no haya seguido, las cosas fueron duras en ciertas épocas para el progresivo y algunos no iban a poder pasar la prueba. Según se comenta por ahí (no solamente en wikipedia) los Gentle se simplificaron cada vez más según los tiempos que se presentaban. Quien sabe, tal ve se hayan equivocado. Tal vez no hayan nacido para explotar un gramo de simpleza. Tal vez no hayan sido tan simples como se dice. O tal vez eran otras épocas, y no haya existido en aquellos años forma alguna de concebir continuidad sin ser un suceso.
jueves, 2 de agosto de 2007
A Ingmar Bergan lo conocí buscando en www.imdb.com algún título que tuviera que ver con mi disco, es decir que incluyera la palabra PERSONA. Mejor dicho, me metí en su obra gracias a Persona, porque en realidad ya lo había sentido nombrar. Lo que encontré fue una magnífica manera de hacer ruido. En esa y en todas las películas que vi, que no fueron muchas.
Muchas personas se pusieron tristes por la muerte del director. Pero esa tristeza es más parecida a la pérdida de un ser querido que a la de un artista que nos dejó de garpe porque murió absurdamente en medio del esplendor o de una carrera prometedora. El viejo no tenía la menor deuda con el cine. Incluso su última película es algo valioso. Y tenía 86 años cuando la hizo. Tal vez el dolor venga de la evidencia de que la muerte siempre gana, cosa que él mismo se encargó de remarcar en una de sus películas más famosas y en varias otras.
sábado, 28 de julio de 2007
Aquí se puede ver el top ten de canciones tristes según la revista Rolling Stone.
La cuestión de qué cosa es triste, depresiva, desesperada, angustiada, catártica y etc etc. siempre estuvo en manos de la más recalcitrante subjetividad y por lo tanto, siempre será discutida. Todas estas categorías relacionadas con el abismo siempre me interesaron. Pero no estamos hablando de género, sino de impacto. O sea, siempre habrá quien se encoja de hombros preguntándose donde está el bajón. En este caso, salvo en casos los temas de Portishead y Radiohead, yo soy quien se lo pregunta. Tal vez se refieran a las letras. Yo creo que se trata más de abrir el abanico artístico, incluyendo artistas que son tan depresivos como Piñón Fijo. Ok, entonces yo voto a Robert Smith como mejor cantante de Blues.
De mi lista, solo van 4 que me acuerdo ahora.
Ain't Gonna Rain Anymore – Nick Cave
Espejismo – Patricio Rey y Sus Redonditos De Ricota.
Nobody Home – Pink Floyd.
Inner Garden – King Crimson
miércoles, 20 de junio de 2007
domingo, 10 de junio de 2007
jueves, 17 de mayo de 2007
Recomiendo a este compositor-físico francés. Cualquiera de sus obras. Si por alguna de esas coincidencias de la vida tuvieras en tu computadora el Flight Simulator o el Age of Empires, también es recomendable que bajes el sonido del simulador o del juego y dejes sonando a este señor.
Jean Claude Risset es uno de los más interesantes compositores de música electroacústica que he escuchado. Básicamente porque un simple oído mortal no tiene que convertirse en el superhombre de Nietzsche para descubrir donde está la música. Hay dos cosas que lo distinguen de muchos colegas. Primero Tiene una solida formación académica y científica. Segundo: tiene una sensibilidad aplastante. Su principal labor fue justamente la de llevar a buen puerto la electrónica en la música y parece que supo valerse equilibradamente de estas dos virtudes.
En los 60, a muchos les habría venido perfecto escuchar a JCR para acompañar un viaje de ácido. Hoy, aparte de encontrarlo interesante para alguna simulación o juego de estrategia, pienso que el viaje no es de ácido. Es de suburbios, callejones, o en todo caso cavernas, lagos subterráneos. Total ausencia de vida vegetal o animal, a excepción de algún solitario vagabundo urbano o algún insecto gigante. O algún fantasma en vías muertas. Esto, que en un principio asusta, es ruido sagrado y cada cual puede hacer lo que quiera, incluso ponerle árboles o mascotitas. Lo importante es dar un paso.
No tiene mucho que ver con el rock. No fue escuchado en el club y probablemente no lo sea. Pero hay una paradoja interesante en esto. Podría perfectamente ser materia prima para mezclar en un disco de progresivo, sin embargo esto no significa en absoluto que el rock progre sea más grande o se esté fagocitando esta música.
Aquí acerco unos links interesantes. Algunos en inglés, Un idioma con el que ni él ni yo nacimos, pero que se deja entender algo.
http://en.wikipedia.org/wiki/Jean-Claude_Risset
http://composers21.com/compdocs/rissetjc.htm
http://ec.europa.eu/research/rtdinfo/special_as/print_article_820_es.html
Ah, también se puede escuchar con la BBC 4, al igual que The Noise & The City.
lunes, 14 de mayo de 2007
Estoy harto de aquellos a los que no les gusta el rock en ninguna de sus formas e intentan acercarse y encontrar puntos en común, como si a uno le hiciera falta. Entonces ¿que es lo que hacen? Se ponen a hablar de los Beatles, y por supuesto se ahogan en frases hechas (no se por quien) entre las cuales se luce "todo lo que se hace hoy salió de Lobitls".
¡VAYANSE AL CARAJO!
jueves, 26 de abril de 2007

No puedo hablar objetivamente de esta banda. Tiene una gran cantidad de obras, por lo cual bien podría tener algún bodrio sin culpa alguna. Pero yo no encuentro ese bodrio. Motivo de sobra para elegir Fear of a Blank Planet, salido hace poco, para escuchar con mis amigos. Uno de ellos propuso compararlo con otra obra de la banda, Deadwing, el disco anterior.
Nunca me decepcionó Porcupine Tree. Eso es algo sentimental, pero si quiero ser un poco más objetivo, no me cabe duda que le han dado una mano tremenda al progresivo de los últimos años. Esto ha puesto de mal humor a cierta gentecita que se dedica al género. Es decir, nunca falta quien habla del "verdadero progresivo". Y PT según ellos, está un poco apartado del género...qué idiotas.
Sus aportes a veces metaleros, (Incluso por momentos exhiben una compleja actitud de metal extremo mezclado con sinfonismo), a veces de trip hop, le han dado a la psicodelia de los primeros tiempos una dimensión renovada y superior. Eso no les quita ni un gramo de teatralidad, densidad, complejidad, conceptulidad tan características del progresivo. A tal punto que -insisto- muchos, incluso quienes no deberían, se quedan arafue.
miércoles, 11 de abril de 2007
JUEVES 19 DE ABRIL 21 HS.
LOCA BOHEMIA -
AV. LA PLATA 727
CIUDAD DE BUENOS AIRES.
ENTRADAS $8 C/Consumision
Entradas Anticipadas: www.alejandromatos.com.ar

Persona
domingo, 25 de febrero de 2007
Más allá de la risa nada estruendosa que esto provocó, debo decir que es el disco de Peter donde más me gusta su banda, al menos en estos tiempos. Las composiciones y la voz de este señor son iguales que siempre, o sea, queman.
Y eso me lleva a Singularity, disco nuevo de PH. Yo era el único que lo había escuchado. Como a veces se pone arduo cuando uno genera demasiadas expectativas, no adelanté mucho. Cuando terminó la conclusión fue complementaria con la del anterior disco. El trabajo en banda no es mi preferido, y las composiciones y la voz de Peter siguen siendo impresionantes. O sea, uno puede decir que afortunadamente sigue haciendo cosas que ponen de cabeza a cualquier sujeto que le dedique una escuchada. Esto relega al milésimo puesto la cuestión de orquestación, que si bien no parece ser tan arreglada como en Roaring Forties, está a años luz de ser mala. Peter brilla por más que se haga el oscuro. Aquí predominan las canciones y la obra crece en tensión hasta llegar a algo que no es lo que se diría una apoteosis sonora, sino más bien...no sé como llamarlo. Pero el último tema (Llamado White Dot) nos pone de cabeza, no hay dudas. Por lo mismo de siempre, 9 puntos para este chiflado.
Acá hay una interesante ficha técnica en www.progarchives.com. que por otro lado se ha vuelto un sitio fundamental de consulta.
domingo, 11 de febrero de 2007
Debido a cierta recomendación que alguna vez me hicieron acerca de este artista me puse a investigar y encontré estas obras. La primera impresión que tuve es que nunca en mi vida había escuchado semejante combinación sonora al servicio de una intención muy clara: los temas suenan desesperados y desesperantes, dolientes, por momentos asfixiantes, desolados, es como si estuviéramos metidos en el medio de la lucha contra todo lo que es oscuro, porque las obras no son precisamente un regodeo de oscuridad, sino el ruido de los objetos que nos chocamos mientras buscamos la luz ¿se entiende?
Luego lo presenté en una reunión del Club del Ruido. Salió redondo. Esta forma de sonar no le era familiar a nadie, pero pronto todos se sintieron atrapados por los climas que se fueron entrelazando. Esto, que suena a cliché espantoso de crítico más espantoso, en realidad se justifica solo, nada más escucharlo. Cuando termina el disco uno se da cuenta de que su cabeza está en otro lado.
No todos coincidieron en mi definición del párrafo anterior (para algunos Sí es un regodeo de oscuridad) pero todos quedaron realmente gustosos de escucharlo. Es que aunque puede que ellos estén en lo cierto, la obra no deja de ser una joya.
Cuando hablo de "combinación sonora" me refiero a cuestiones técnicas: las modulaciones desconcertantes, las armonías con acordes alterados, con quintas disminuidas, menores con séptima mayor, en una guitarra casi solitaria que se balancea sobre sonidos ambientales desoladores que remiten a una habitación vacía y rancia, una plaza de juegos tapada por la nieve, un televisor encendido que nadie mira y muchas imágenes que dependen del oido de quien recibe esto.
Y hay dos cosas algo para destacar. Por un lado la poesía es jodidamente buena, y por otro lado la calidad vocal es tanta que no será fácil encontrarla en cantantes de rock nacional. (aunque tampoco imposible)
Aparte del mencionado trabajo, que tiene algunos años, se puede encontrar alguna cosa más nueva en esta dirección.
Si entrás, fijate las influencias que tiene este artista. Disfrutalo, sufrilo, sacalo. No es probable que te sea indiferente.
jueves, 18 de enero de 2007
Como ya contaba por ahí, la fábula del zorro y el quirquincho que se nos enseñó en 7mo grado, era algo que yo ya conocía de antes, y tal vez haya sido por eso que tuve tiempo de pensar en algo más que el trabajo práctico que nos habían encomendado, consistente en crear una narración basada en el hipotético encuentro estos animales un año después.
Yo conocía la fábula debido a que era un ávido lector de Anteojito, una revista infantil/escolar que tenía muy claro como acoplarse a los programas de la época. La fabula había sido de mi agrado desde el primer momento, tal vez por su homenaje a la inteligencia. El trabajo se había pedido para la clase siguiente. Algo me sugirió otra forma de presentarme en sociedad, fuera cual fuera la consecuencia. En vez de una narración en prosa la hice en forma de poesía, Era muy poco lo que yo había hecho de poesía hasta ese momento. Cuando digo poco no es una forma de decir, habrán sido dos como mucho.
Me basé en la estructura que tenían ciertas sextinas en el Martín Fierro. Esto es: 6 versos octosílavos. El primero no rimaba, el el segundo rimaba con el tercero y con el sexto, el cuarto rimaba con el quinto. En mi caso, había estrofas en que el primer verso rimaba con el cuarto y el quinto. Creo que aún no había leído Martín Fierro, pero era fácil y previsible conocer el formato básico.
Me llevó una tarde. No recuerdo las estrofas, salvo algunos versos sueltos. Pero sí recuerdo la adrenalina que tuve cuando escribía. Mi estado de excitación ya me había colocado en otro plano. No había tenido esa sensación aún con la música. Faltarían algunos años. Seguramente esto significó en mí la fantasía de que en medio de tanta exposicion a fuerzas de la oscuridad, había algo a lo que pertenecer, un fortín en el que me sentiría protegido y respetado. Alejandro, un gran artista, una gran promesa o lo que fuera. Pero más allá de la fantasía, yo estaba metiéndome en un baile importante. Estaba poniendo horas de mi vida en el arte.
La poesía fue un suceso a nivel escuela. Solo tuve que corregir una palabrota. (dicho sea de paso no creo que las maestras hubieran podido darse cuenta de los otros errores) y cambiarla por otra con la misma extensión y que rimara, ya justo era la última del verso. Luego hice ilustraciones. Se armó una carpeta con un trabajo muy bueno, que no conservo por que así era mi vida entonces. Se presentó en la feria de literatura, y en la fiesta de fin de año con dos títeres que había hecho la maestra de manualidades, y que se parecían bastante a ella. Aunque pensándolo bien, creo que el quirquincho se le parecía un poco más.
Como pasó un año lectivo entero entre la creación de El Encuentro y el fin de curso, tuve tiempo de jugar mucho a la rima por otros lados, en otras temáticas. Estaba a años luz de lo que quería ser, pero no importaba. Cuando terminó ese año, yo había logrado escribir algunas cosas interesantes y ya no me gustaba más El Encuentro. Lo hice igual, porque no había elección. En otras palabras mi maestra se comportó como se comporta una megadiscográfica. Corría 1982. Sin palabras
El Encuentro inició todo. Componer una letra algún día no sería tan sencillo. Tal vez lo único que tuvo de ventajoso esa poesía fueron los 12 años de preparación inconsciente. Luego todo vuelve a su lugar, y habría demasiado pasos para dar como para darse cuenta a primera vista lo que esto significó.
martes, 9 de enero de 2007
Curiosamente este tipo de música, que ya no es experimental sino en todo caso poco comercial, no es algo que produzca irritación en las primeras escuchadas, y por momentos es entrañable. Y creo que su explicación está en un lugar similar a la explicación de la música hecha en forma tradicional. Es decir, lo tonal o lo modal, por ejemplo, son fácilmente tolerados, y luego se podrá hablar de gustos, orquestación que molesta, desafinaciones y otros etcéteras. ¿Por qué? Pues porque desde que nacemos estamos rodeados de música hecha con convencionalismos claros. Transpolando la idea, para alguien que nació en una megalópolis, los sonidos son parte irreductible de la banda de sonido diaria. He sabido de ratas de ciudad que, estando de vacaciones en un lugar silencioso o descampado, se despertaban por las noches sobresaltados por el silencio. Aquí el ruido urbano se equipara con la música más armoniosa y celestial, si es que este término significa algo.
Entonces alguien decide unir el mundo en un recorrido sonoro, y solicita a los músicos referidos que hagan algo con ruidos de sus ciudades de residencia.
El resultado es arrasador. No lo compartí con el Club del Ruido, tal vez porque la idea pasa por otro lado, tal vez lo haga en algún momento.
Pocas cosas resultan tan notables en el campo de lo experimental, pareciéndose más a una experiencia de laboratorio o un proceso de aprendizaje. Pero la idea de familiaridad sonora rescatada en este "viaje" logra que las más de 2 horas sean algo emotivo. Obviamente, estoy hablando de gente talentosa en el campo de la música electroacústica y afines.
Curiosamente, en este caso el trabajo con el ruido supera en su caracter narrativo, tensión y originalidad a todo lo que a veces aparece musicalmente. Es decir, en este caso no es el ruido que embellece o complementa al sonido, sino más bien a la inversa.
Y como si no hubiera tenido suficiente, se me ocurrió hacer una cruza apócrifa que para algunos debe significar un sacrilegio: Escuchar The Noise & The City con la radio 4 de la bbc de fondo.
martes, 26 de diciembre de 2006
EL DEDO BIEN AFILADO
Recuerdo una conversación que tuvimos repecto del extraño arte de sacar conclusiones acerca del trabajo ajeno. En el club no se hacen críticas de arte. Asumimos que la visión que compartimos de lo que escuchamos es algo bastante poco usual, por lo tanto no intentamos usarlo como guía de nadie ni de nada. Es poco probable que vuelva a suceder, pero cierta vez introduje las obras diciendo: "Necesito compartir esto porque me parece una verdadera porquería". Esto es porque algunas cosas me despiertan curiosidad a pesar de que no me gustan. Pero generalmente manda el placer y es por esto que escucho y hago escuchar algo. Y si manda el placer o la curiosidad, no hay rastros de trabajo, y por lo tanto no nos asumimos como críticos como si fuera un título. Las reuniones no son algo secreto ni el club es una masonería, de modo que lo que ahí se comenta bien puede llegar a aparecer escrito. Y ahí no hay críticas, sino comentario de lo que nos pasó al escuchar, al compartir, al comentar las obras. Esto también suele aparecer en las críticas que uno escucha o lee.
Aunque...
La crítica de arte, en especial la de música, suele ser un género literario, para el cual es necesario tener el índice más que bien afilado. En cierto sentido está bien, de lo contrario nadie se sentiría con ganas suficientes de leer demasiado seguido tal género. En realidad esto podría ser algo que disgusta, pero hay que aceptar las reglas. Cuando hemos escuchado un disco y hemos quedado fascinados, una buena crítica del disco es la extensión de lo que sentimos. Cuando por el contrario el señor crítico desmerece el trabajo, lo odiamos (al crítico, no a la obra). Esto nos vulnera bastante. O sea, somos un ridículo manojo de piolines al servicio de un ignoto manipulador de mentes. Pues bien, mejor dejarse de joder con eso. Entender el arte de criticar. Relajarse y disfrutar del espectáculo.
Siempre sentí lo mismo hacia la mayoría de los críticos: ellos no hablan de las obras sino de sí mismos. Tienen un millón de chiches dialécticos a su disposición para poder llevar su comentario a buen puerto siempre, y por sobre todas las cosas, un puerto que no es el propio, porque se supone que la crítica es algo que se hace con objetividad (sí, también hago humor) y nunca debería suponerse que ellos son las estrellas en cuestión y no el músico.
Claro, al menos me gustaba leer las críticas cuando alababan a mis discos más queridos. Hasta que algo sucedió. Jethro Tull, una magnífica banda pero que nunca me interesó, tocó en Buenos Aires. Pocos días después leo en un diario una crítica al recital. El eje de la nota se encontraba en los casi 60 años que los muchachos exhibían, en la historia del rock que había sido manchada por el progresivo que vino a complicar algo que era tan puro y bello, y por sobre todo en la nostalgia y en lo poco que la banda tenía para dar, en los que se quedan en el pasado, y bla bla bla. Ah, y los dinosaurios, por supuesto. Lamento comunicarle a la muchacha que escribió semejante estupidez (tenía que decirlo) que lo suyo artísticamente hace agua, básicamente porque la idea de los dinosaurios es tan poco original... He leído esto en críticas de recitales de Yes, de discos de Pink Floyd, Genesis, Emerson, y lo que se te ocurra. Claro, la crítica en cuestión es impresentable pero al pertenecer a un género literiario debemos considerarla como una obra de arte. Entonces, más allá de nuestros gustos, me hago muchas preguntas, no sobre el recital sino sobre su cobertura (aunque me temo que no fuiste al show, querida). ¿Por qué lo complejo atenta contra el rock? ¿Por qué vale más un power trío cantando una letra simple que Pink Floyd cantando "Dogs"? ¿quién determina esto? ¿La masa? ¿La moda? Pensemos en una banda que la rompe en estos tiempos: Coldplay . ¿Tendría Jethro tull que sonar como coldplay para que esta "sujeta" lo trate con respeto o rescate su verdadero valor artístico? ¿tendría que sonar absolutamente todo como Coldplay? ¿Qué es un dinosaurio? ¿un triceratop cantando "Firth Of Fifth? ¿que tendría que hacer Ian Anderson ahora que está viejo? ¿jubilarse como va a hacer algún día la persona que ¿cubrió? el recital y dedicarse a esperar la muerte? ¿le queda mal esa ropa y esa flautita? ¿por qué no se hace un piercing? ¿le queda mal el rock a los de mas de 40? ¿Cuánto vale la opinión de las personas que van los recitales de estas bandas? ¿nada? ¿fue el progresivo alguna vez una moda? (Pero moda, moda ¿eh?) ¿Es aburrido el progresivo? ¿Está mal visto tocar más de tres acordes? La gente que se tira contra bandas dinosaurios ¿escucha solo lo que es vanguardia? Los Sex Pistols, por ejemplo, una banda que nació perimida pero que cumple con los requisitos dictados por el snobismo antiprogresivo ¿son dinosaurios o son vanguardia? ¿Es vanguardista tocar mal? ¿qué está bien? ¿qué está mal? ¿Qué quiere decir perimido?
No voy a escribir las respuestas, aunque las tengo todas, igual que la mayoría. El tema no es este recital, que justamente no me había interesado pero cuyo comentario ...profesional me hizo pensar en algunas cuestiones. Me importa poder rescatar de las críticas de arte su lado literario, y ubicarlas en el lugar que les corresponde. Un lugar en la literatura, que debería considerarse con vida propia, con vuelo propio. No corresponde, según creo, entender que hubiera hecho mal en ir a ver a Jethro Tull, o tal vez en entender que lo mejor es comprarme un disco de este o aquel artista basándome en un comentario escrito en una revista o en diario. Pero está muy bien poder disfrutar de la comicidad de quienes defenestran una obra, o emocionarse con los que fanáticamente contagian el deseo de ir a ver un show, o admirarse del poder detectivesco de quienes encuentran plagios en medio compas, en un arte de tapa, en una frase, en un gesto, en una entrevista, etc.
Por favor, no hablemos de arte, señores críticos, hablemos de Ustedes. Son personas maravillosas y me encanta lo que ustedes hacen. A veces. Porque acá también hay plagio (sin ir mas lejos me remito a la crítica del recital detallada anteriormente, nada original), y eso no está bien en el arte, ni siquiera en el arte de escribir en 20 minutos sobre algo que llevó meses o tal vez años de gestación. Pero lo importante es que de vez en cuando se produce el mágico momento en el que lo que ustedes escriben llega a mi corazón de una manera fulminante, y ahí me encuentro, diciendo maravillas de las críticas, y tratando de recordar de qué disco o de qué show estaban hablando.
martes, 19 de diciembre de 2006
PAATOS: Kallocain.
King Crimson: La mejor banda de rock de todos los tiempos. Esta definición, que es más parecida a lo que algunos dicen de la biblia no aporta nada (tal vez por esta misma razón). Para algunos la mejor banda de rock de todos los tiempos es Yes y para otros es Intoxicados.
Además habiendolos definido como banda de rock habría que preguntarse dos cosas ¿que banda es King Crimson? Y ¿Qué es el rock para estos tipos?
Acá encontré el www.allmusic.com la lista de integrantes:
Bill Bruford - John Wetton - Keith Tippett - Gordon Haskell - Greg Lake - Trey Gunn - Boz Burrell - Mel Collins - David Cross - Robert Fripp - Michael Giles - Peter Giles - Tony Levin - Pat Mastelotto - Ian McDonald - Jamie Muir - Ian Wallace. Esto, que en el caso de otras bandas no sería más que una simple rotación de integrantes, en King Crimson se convierte en un cambio estético descomunal. Acá la idea primigenia que uno tiene del rock se vuelve grande o muy pequeña. Me quedo con la segunda opción. Más porque estos tipos no se alejan del rock con el viejo truco de “hacer de todo”. Eso confunde bastante incluso a quienes no debería confundir. Recuerdo haber ido alguna vez a una disquería en Av. Callao cuyo nombre era excesivamente similar al de la banda en cuestión y pregunté qué tal era el disco “The Construkction of Light”, del que había escuchado algo. El sujeto, en una actitud de poco homenaje a sus patrones (porque no dejo de insistir que tenía que ser un empleado) espetó “más de lo mismo”. Mi reacción no se hizo esperar: “dame dos”, contesté. Por supuesto, esto era una broma. Me fui y lo compré en un lugar donde tenían licencia para conducir disquería.
Fue justamente antes de este disco que la banda anduvo pivotando por los Projekcts, dando recitales obscenamente buenos, y retorciendo las cinco cabezas restantes (no hay que contar a bob) en experimentos que excluyeron según el caso a uno o más de los integrantes de la gloriosa epoca de Discipline, donde los dinosaurios Carmín no cedieron ante el meteorito de los 80 (soy un excelente poeta).
…y en el Projekct One falta Adrian Belew. (Es más, solo aparece en el projekct two tocando v-drums). La pregunta es ¿no será mucho? Sí, es mucho. Muchísimo. Es notable en qué se convierten estos extraterrestres cuando les falta el intérprete con este mundo (que dicho sea de paso también es de otro planeta). Cuando no está el maravilloso compositor de canciones, frontman, guitarrista y tipo que expresa con el cuerpo y la voz las infinitas nervaduras que tiene la banda, el que tiene que interpretarlos es uno. Es uno quien tiene que ir a buscar y entender que carajo están haciendo.
Pero no hay problema con esto. Si falta Adrian Belew lo primero que pensamos es que los integrantes del Projekct harán una ronda en el escenario y se olvidarán de que existe el público. Pues no. Por fortuna no es así. Ni siquiera Robert, viejo maniático y obsesivo sentado en su silla–ovni se olvida de que hay alguien del otro lado esperando algo de él. No hace falta verlos. Se escucha. Digamos que si hay algo hard en el mundo del rock es King Crimson. Siempre se dijo que lo que hacen es enfermo. Pues a mí siempre me pareció que en realidad es demasiado sano, no apto para mentes débiles o hedonistas. He leido y escuchado decenas de críticas refiriéndose a estos projekcts como algo menor, como si fuera sencillamente “un cúmulo de zapadas sin sentido, las cuales serán sistemáticamente aplaudidas por un ejército de bobos fanáticos y snobs que nunca escucharán el disco a solas”. Este tipo de observación, que sigue siendo menos nociva que la opuesta (“King Crimson saca un disco donde deja de lado que la experimentación para dedicarse a cosas más banales y blablablabla) omite categóricamente el concepto de equilibrio artístico, del genuino artista que piensa solo en sí mismo para poder pensar mejor en su público, leal y potencial. A quien no le interese esta banda, no le va a gustar nada que no pase cerca de sus oídos, y cualquiera de estas zapadas le va a parecer un robo. Por lo tanto no significa mucho decirles que la banda funciona maravillosamente sin su frontman, aunque sea otra cosa.
Cuando terminamos de escuchar esto, descorchamos y hablamos un rato acerca de la experiencia. Acá el ruido tenía que ver con la concepción de la música, no había nada de música concreta ni ruidos urbanos, ni cosas parecidas. Solo cuatro señores dispuestos a buscar un poco en sus instrumentos y en su interacción, cada vez mejor.
El disco siguiente fue bastante distinto. Paatos, una banda sueca de Art Rock cercano al progresivo bien helado ya tiene tres discos descomunales, uno de los cuales es Kallocain. Esta obra, que todos habíamos escuchado bastante, fue compartida esa misma noche y creó un clima algo distinto al generado por el riguroso arte de escuchar un projekct. En fin, fue puro placer.
Lo que nos quedó luego de casi una hora de música fue una sensación de que esta banda está injustamente criticada en el mundo del progresivo y en el mundo alternativo. Todos notamos sin embargo que la elaboración con que Paatos desarrolla sus obras es de un nivel superlativo, y adolecen de una fineza desmesurada que muchas veces los deja on the edge respecto del majestuoso parloteo de algunas grandes obras progres, el cual en gran parte me gusta aunque nunca pensé que fuera el eje del género. De lo contrario los Projekcts, (casualmente) serían tan progresivos como Nirvana.
Paatos es impactante por su lucidez, la complejidad que exhiben se nota poco, ya que la banda suena como si fuera un solo instrumento. Los temas que son más cortos que la media progresiva presentan en algunos casos una gran complejidad de texturas en la que es muy poco probable que pueda meterse alguna banda alternativa. Pero lo que mas impacta aparte de sus composiciones, es su cantante, Petronella. Una diosa nordica de dientes grandes y voz temiblemente angelical, que aporta la calidez que necesita este grupo humano para cautivar y terminar de convencer de que además de ser un ejercicio de armonías, la oscuridad que escuchamos también conmueve. Sensibilidad, eso es lo que tienen estos artistas, no una pose. De cuestiones ténicas y del ruido que proponene discutiré en otro momento
miércoles, 6 de diciembre de 2006
Este domingo 3 de diciembre hubo un recital en el que me presenté como solista por primera vez. La preparación de este concierto significó varias cosas, pero por sobre todo me absorbió lo suficiente como para decidir suspender momentáneamente varias cosas, entre ellas este blog.
En esa oportunidad presenté junto a mi banda la obra Persona, casi completa, diferenciándose del disco solamente por la ausencia de un tema, en el que los músicos no tocamos ni cantamos.
Todavía no tengo fotos del concierto, y el audio tiene un par de joyas aunque no es el mejor, ya que fue tomado por una vieja cámara de video. Hubo cosas impresentables también, pero no creo que aporte demasiado mostrar lo peor. No es justamente ese ruido el que me interesa. Lo más interesante es que la lucha contra ciertos vicios del cantante está inclinándose hacia mi lado, lento pero seguro. Por otro lado, debo decir que siempre estuve a favor de formar una banda. Pero las bandas se disuelven y yo no me disuelvo, al menos no por ahora. Eso permite que los objetivos se concreten
Ya he sido solista en su momento. Digamos que así empecé a presentarme en escenarios a los 15 años, solo con mi guitarra. Los tiempos han cambiado mucho, la mente ha cambiado mucho, y el sonido se ha convertido en ruido. Aunque claro, Persona es ni más ni menos que una obra de rock. No hay electroacústica, música concreta, ni nada, salvo un par de enventos entrañables como la conversación en el idioma de Letonia, el cual no sonó este domingo.
domingo, 12 de noviembre de 2006
En medio de una latencia demasiado perfecta, aparece el interés por aprender música de una manera poco alentadora. Es decir, como si estuviera sentado frente a un lago con el compromiso de beberme hasta la última gota de agua. Es muy probable que hubiera en mi historia familiar una fuerte tradición de corto plazo y planificación cero, razón por la cual lo habitual era quedarse sentado frente al lago sin intentar siquiera el primer sorbo. Pero la imaginación es feroz, y aunque no movamos un dedo, no cuesta nada ver la tarea terminada. Así es como cuando alguien sugirió mi actividad musical, yo no me imaginé precisamente la primera lucha con el diapasón ni por hacer que mis manos obedecieran, sino que me vi ejecutando una obra que seguramente escucharía por esos días y que ahora ni recuerdo, salvo que parecía el Moto Perpetuo de Paganini. Luego surgió la posibilidad de tomar clases de guitarra. Los comienzos fueron poco auspiciosos, no solamente por el contexto un poco terrorífico para un chico de 10 años, (aunque hoy podría ser peor), sino también porque tocar la guitarra es difícil. Me descubrí enfrentado en soledad y con las deficientes fuerzas propias de la edad no solamente al instrumento, sino también a una encrucijada: ¿Seguía la tradición familiar y me quedaba sentado observando el inmenso espejo de agua o empezaba a beber, de la forma más adecuada y metódica hasta donde pudieran llegar mis fuerzas? Con un poder de creatividad no muy recomendable y una percepción de la finitud poco característica de la edad, desarrollé una tercera opción: me arrojé al agua y traté de tomarla toda de un trago. Pero no había tercera opción. Esta no era más que otra vía para expresar y desarrollar la primera. Así fue como luego de la indigestión que la euforia provoca, me encontré sentado frente al lago, tal como atávicamente se nos había enseñado, tratando de entender qué había pasado, y conjeturando que tal vez en la vida siguiente alguna recompensa habría.

Afortunadamente la vida siguiente no fue la vida eterna, sino una que había sido concebida en esa actitud de arrojo, esa búsqueda de algo distinto, ese intento de ruptura con lo tradicional, (aunque dudo que la palabra tradición , que implica algo de construcción, fuera la que mejor nos definía) que me impulsó a creerme que era un dios, y que luego de ser vencido por la guitarra y por el escenario donde se desarrollaba este mamarracho, me dejó marcadas dos cosas importantes: la notación musical y la composición. La segunda más profundamente.
Como ya insinué, las clases de guitarra duraron poco. No tenía una guitarra acorde a mi edad, no tenía fuerza para pisar las cuerdas, la profesora era un ser abominable, me costaba tomar la decisión de salir de mi casa, tomaba clases en grupo, y por último, no parecía ir a ningun lado con lo que hacía. Pero ya había sido infectado con el germen del arte, y más allá de que a la vista fue necesario que pasara mucho tiempo, el camino del ruido pudo haber nacido aquí, cuando me di cuenta de que esto no servía para nada (en los términos de la clase obrera con delirios de burguesía, claro), pero que igual había un camino que no podía dejar a un lado. Cuando me dí cuenta de esto, ya había hecho muchas canciones, y no podía volver atrás ni estaba interesado en hacerlo.
lunes, 6 de noviembre de 2006
Cuando presenté esta música en el club del ruido, ya había visto la película un par de veces, siempre con la música de Art Zoyd. Hasta el momento de verla, si bien conocía la historia, solo había tenido la oportunidad de conocer fragmentos de ésta y de otras del género, en informes sobre cine mudo, cine de terror y cosas similares. Entonces todas esas historias me parecían tan escalofriantes como Garfield. Y lo más notable era que la música no ayudaba. Eso hacía que yo viera el terror de esa época como algo para asustar a criaturas. Cuando conocí Nosferatu, mi crispamiento fue tal que la tuve que ver por partes. Y no solamente se debe a lo valiosa que es la película como obra fundacional del género, sino también a que la música se entiende bien, ya sea con el film, ya sea conmigo. Voy a ser claro: Nosferatu no es solamente una bestia pop que se ha convertido en ícono del cine (más aún que la primera Drácula) del expresionismo alemán, del cine mudo y de otras cuestiones, sino que además da miedo. Pero seguramente va a dar más miedo si la música no interfiere. O es cine silente en serio y carece de sonidos, o la música se usa para realzar el drama. Y este es el caso de lo que hizo Art Zoyd, con este y con otros films.
La exposición fue un éxito. La combinación de música y película fue algo muy fuerte. Al terminar bromeábamos acerca de la eficiencia de dos obras obras que no eran originales. Por un lado, la película es una versión libre y no autorizada de Drácula, y por otro, la música fue hecha en 1989, lejos, muy lejos de la original.
La música del disco es levemente distinta en la película. Elegí el disco por cuestiones de omisiones y repeticiones del film, que dura 40 minutos más pero tiene menos temas. No obstante la referencia aparece constantemente.

Estos son los temas del disco:
L'oeuf du Serpent: El huevo de serpiente
L'agent Renfield: El agente Renfield
Le Voyage de Harker: El viaje de Harker
Le Matin: La Mañana
Le Chateau: El castillo
Nosferatu
L'oeuf du Serpent II: El huevo de serpiente II
Rumeurs: Rumores
Rumeurs II: Rumores II
Anaphase: Anafase
Le Maitre Arrive: El maitre arriba
Rumeurs III: Rumores III
Les Docteurs: Los Doctores
La Peste: La peste
Livre des vampires: Entrega a vampiros
Anaphase II: Anafase II
Le Maitre Est Mort: El Maitre Murió
Marees: Mareas
Beffroi: Campanario
Sleep No More: No más dormir.
Estas son algunas palabras con que definimos la música de la obra y por supuesto, algunas le caben perfectamente a toda la obra del grupo:
"atrapante - fría - insoportable - macabra - irritante - lejana - retorcida - provocativa - vanguardista - complicada - desesperante - amenazante - ridícula - Inteligente - asfixiante - oscura".
Para lograr estas cosas en el oído, que parecen no dar lugar a la indiferencia, los Art Zoyd se las arreglaron muy bien. En primer lugar desisten de armonías, melodías, formas rítmicas y timbres convencionales, y aunque no inventan mucho, inventan esta música. (Hago esta aclaración porque seguramente hay algún afiebrado que ya está retrucando recurriendo a nombres como Schoenberg, Bartok, etc).Eso genera ruido, y asusta.
Otro recurso muy usado a lo largo de toda la obra es la superposición de capas de sonido que terminan haciendo colapsar los temas que se valen de esto, aunque saben terminar justo a tiempo. Pareciera AZ no tiene ningún prejuicio para lograrlo, así es como escuchamos sonidos sampleados, arpegios desaforados, gritos, sirenas, ruidos de todo tipo. El primer tema, L'oeuf du Serpent (El huevo de serpiente), es un buen ejemplo de esto. Y acá descubrimos otra cosa. Las capas que sonido secundarias aparecen como protagonistas en otras canciones. Pareciera que todo el disco-soundtrack hubiera salido de este tema.
L'agent Renfield(El agente Renfield): No se cual es la causa, pero tanto aquí como en el siguiente, los Art Zoyd decidieron que el nombre de la canción incluiría a personajes de Drácula y no sus iguales de Nosferatu. Amenazante y desolado - dudosa armonía - amenazante y alerta - dudosa armonía. Describo así las cuatro partes que componen este tema y su relación con la película. La primera es de los textos introductorios, y podría ser un nombre aparte, si no fuera porque sus sonidos se mezclan con la tercera. La segunda presenta a Hutter y su esposa, una maravilla de escena, miren. La tercera presenta a Knock y teniendo como fondo los tañidos desquiciados que ya habíamos escuchado al principio, suena una música inquietante. La cuarta parte es muy parecida a la segunda, y la escena es continuación de la exposición matrimonial, casi idílica. Pero ya están pasando otras cosas. En realidad las parte 2-4 son suaves, casi infantiles, pero se adivina un clima denso. Algo lejano, inexplicable, que no termina de tranquilizar.
Le Voyage de Harker (El viaje de Harker - Otra vez con Drácula. Olrai). Por segunda vez pero no por última, aparece el tema de los títulos, maravillosamente tratado de otra manera, y con un par de inclusiones nuevas, como percusión. 100% cinematográfico. En la Película se pueden notar algunas sincronizaciones con la imagen. Por ejemplo la percusión comienza en el momento en que Harker/Hutter golpea la mesa. Esto abunda en el film, de otras maneras.
Le Matin. La mañana: Minimalismo atroz. Casi una abulia de sonido. Tan parecido a despertarse.
El castillo: Hay varias partes diferenciadas. Primero, con sonidos ambientales, y el con el tañido del tema 2, esta obra nos acerca al castillo de Orlok. Dura tarea. Luego, sonidos de la naturaleza anuncian la mañana y al final, vuelve la superposición de texturas que parecen disputarse el liderazgo frente al oído, creando tensión, porque después de todo, a diferencia de Hutter, uno sabe que las cosas no están bien.
Nosferatu: con todos los sonidos desde el comienzo, interactuando y "peleando" se forma una textura densa y asfixiante. La tensión crece. Solo descansa para que dos instrumentos preponderantes intercambien el primer puesto.
L'oeuf du Serpent II: El huevo de serpiente II: en la repetición del tema de los títulos, la rotación favorece a una melodía aparentemente irregular, que desata la composición, la cual se va perdiendo a favor de otros ataques de melodías "laterales". La única manera de demostrar la maestría con la que Art Zoyd hace esto es escuchando la música, aunque podría dar una pista. No se trata de alguien que empieza haciendo un solo y luego es abordado por otro instrumento que se interpone con otro solo, pero no por eso deja de tocar, etc, etc. Aquí todo tiene un sentido más profundo que crear un clima apoteótico. Los señores estos tocan mientras miran la película. Se nota.
Rumeurs (Rumores): funciona como una continuación perfecta del track anterior, aunque musicalmente no se le parezca. Yo más que rumores percibo que hay algo alarmante, pero no inestable ¿Se entiende?. Mis colegas no lo entendieron, al menos las primeras 10 veces.
Rumeurs II (Rumores II): Vuelve la superposición de sonidos, mas y menos lentamente que otras veces, aquí la desolación se parece más a una devastación postnuclear que a la nostalgia. Pero en este caso sí, son rumores. Empieza casi inaudible, con un sonido parecido a un chirrido de metales, como una vieja calesita de mano, y las voces se van sumando, hasta que el gran pad se come a todos los que hablaban, cada vez más fuerte, como pasa con los rumores.
Anaphase: (anafase): Mientras el barco va quedando en manos del vampiro, suena este tema y me siento en condiciones de afirmar que nunca, ni siquiera en las otras composiciones de la misma película, escuché algo que tuviera una simbiosis tan fuerte con la imágenes, que emanara con tanta naturalidad de las imágenes, que se abrazara con el concepto, como si el mismo director de Nosferatu, o tal vez el mismísimo vampiro, hubieran compuesto la música de esta sección. Aquí, y creo que lo que se escucha influye notablemente, he sentido la profunda necesidad de alejarme de la película. Y no es por miedo. Es porque ya es demasiado. Igual, seguimos hasta el final.
Le Maitre Arrive (El maitre arriba): A pesar de que me choca la forma en que irrumpe en lo que venía dándose, trato de recomponer y adaptar el oido. Acercarme al diálogo feroz de estas dos partes. El vampiro llega a la ciudad, Knock está desesperado. El vampiro con su cajoncito de tierra a velocidades inverosímiles, Knock es capaz de matar para salirse con la suya y llegar a su maestro.
Rumeurs III: Rumores III: Continuación más bien de la parte I. Es detestablemente bueno este tema. No puedo dejar de preguntarme como hacen para meter tanto en tan poco tiempo, que parezca tan poco, pero que se note que es mucho. ¿se entiende?.
Les Docteurs (los doctores): La estabilidad de la música sirve de fondo a un ambiente académico, donde los médicos intentan develar el misterio de varias muertes. Y de repente, llega la peste.
La Peste: Más minimalismo. Estado de sitio. Música de cuarentena
Livre des vampires (Entrega a vampiros): La habilidad con que se entrelazan capas de sonido son asombrosas. Aquí se nota mucho la idea de dos tipos de texturas, que usan en toda la obra: las estables, y las inestables. La primeras son repetitivas, como una máquina, son graves potentes, y marcan el rumbo, o mejor dicho diseñan la estrucura y los límites (el tema es bastante corto) Las segundas se dedican a intervenciones más improvisadas, son agudas, penetrantes. Es como si por un lado hubiera dos o tres posturas monolíticas, que se complementan pero no se tocan, y por otro, el grito de nuevas propuestas que quieren hacerse escuchar. Diálogo de monólogos.
Anaphase II: Música de persecusion. Mezcla dos temas, por un lado el elogiado Anafase y por el otro la obstinada "percusión armónica" de la -llamémosla así- obertura. Con esto, da la sensación de que Art Zoyd hubiera sacado todo el material del primera tema.
Le Maitre Est Mort (El Maitre Murió): La cosa no empieza como para poder redimirse en tres minutos y medio. Los tecnobronces, los coros de niños no levantan las sombras de la muerte.
Marees (Mareas): Apoteosis. Sería la música ideal para las escenas de la sombra del vampiro, y todo lo que tiene que ver con el camino a su muerte, pero no está en la película.
Beffroi (Campanario): El maestro ha muerto. Hellen ha muerto. Nosotros ya no somos los mismos. La música nos muestra una alegría fallida, como si en el sepelio alguien fingiera indiferencia para salir de la pesadez, logrando apenas sonrisas forzadas de agradecimiento y miradas de desaprobación o desconcierto. Hay que continuar, la vida continúa, aunque muchos no sabrán para qué. La calesita de mano vuelve a sonar. Cada intervención sonora se mezcla con las campanas, y renuncia, impotente, mirando al piso con resignación, mientras otro instrumento lo intenta. También está solamente en el disco.
Sleep no more (no mas dormir): entonces llega el final que va como tragándose el dolor con la euforia necesaria en estos casos. Si estuviera en la película, sería el tema de los títulos, aunque no hay demasiado que explicar. Una voz gutural nos trae el recuerdo de Nosferatu, como si alguien se pusiera maníaco y lo imitara una vez que lo más terrible fue superado. Aquí tenemos la sensación de que la película bien podría haber sido filmada a fines del siglo XX. Los sintetizadores arrasan, hay ritmo, no hay alegría, parece un tema gótico de finales de los 80 pero hecho por alguien que no sabe que existe el rock ni el gótico, pero sabe que existen Nosferatu y el ruido. FIN.
La primera sensación que tuve cuando escuché a estos chiflados fue que necesitaba imitarlos hasta que no quedara ninguna duda de que mis sonidos más nuevos eran un robo. Nunca lo hice, ni siquiera lo intenté. No tengo la menor idea de cómo hacen lo que hacen. Con el tiempo me voy a enterar. Obviamente busqué información en la gran biblioteca universal y me encontré con una entusiasta crónica de un recital en México, en la cual relata que en los días siguientes presentarían la música de otras dos películas que tenían hechas entonces (era 1998): Faust y Haxan. Envidiable.
Se podría decir que la reunión del Club del Ruido para ver una película fue algo distinto a lo habitual. También que lo que escuchamos no era rock. Bueno, por eso dije alguna vez que escuchamos "principalmente" rock. Todos nos pasamos desde la adolescencia (y en algun caso desde la niñez) escuchando rock, y seguramente hay mucho de eso que no nos provoca. No hace ruido. La película, aparte de ser una buena oportunidad de ver algo notable, era la mejor manera de entender porque se compuso esta banda de sonido.
A este trabajo le pongo 9,75. Simbólicamente, le niego el 10 por no haber incluido algunos temas en la película. No creo que publique nada que tenga menos de 9. Para eso está la crítica.
martes, 10 de octubre de 2006

Recuerdo que en medio de tanto Coco Diaz, le tenía pavor a la desolación licenciosa de la frase "Caminito que el tiempo ha borrado". Tendría cinco años de edad y esas palabras, acompañadas de una música que se me hacía fúnebre eran ruido puro. Nunca me imaginé que muchos años después la depresión que nunca tuve iba a llevarme por caminos que me enriquecieron, y me hicieron conocer la rigidez de ciertas formas oscuras de arte, personas misteriosas y solitarias, noche, finales poco felices, pérdidas y la vuelta de todo eso: cuando vemos que no es necesario vivir en un castillo alejado del mundo para ser amigo de la oscuridad y tampoco hace falta estar triste o tener una vida miserable. (Aunque la verdad es que es un poco necesario transitar esos caminos, y el problema es que muchos se quedan ahí, ya que a veces la luz es más temible que la oscuridad).
Me pregunto si habrá sido en esta etapa o más adelante que pude vislumbrar el peso que tenían las alusiones a la pérdida. Suena algo fantasioso que se haya tratado de una elaboración pero bien pudo haber sido la semilla de algo posterior. Además, este tipo de cosas no caen en el vacío. Algo estaba sucediendo en aquellos años.
Nunca me gustaron las historias que terminan mal, pero a mí, igual que a muchos, me atrae el vacío que nos provoca el espanto. Y más allá del ruido, el arte ataca, y acá estamos. A mis 5 años, la frase "Caminito" (algo pequeño, como yo en aquellos años) "que el tiempo" (algo ajeno) "ha borrado" (algo así como la muerte) era una bomba que me llenaba de desesperanza y también era un camino. Tal vez en oposición a la letra del tango, un camino que el tiempo abriría.
Mi declarado rechazo a la nostalgia del que hablé en otra oportunidad bien podría tener que ver con estas perdidas, como para recordarme que no quería perder absolutamente más nada y como para advertirme que para sentir nostalgia (pero nostalgia, nostalgia, ¿eh?, es decir, añoranza y flia., no simplemente el dolor de una separación o una derrota puntual) tengo toda la vejez.
lunes, 9 de octubre de 2006
Aquí transcribo una muy interesante declaración del Dr. Mario Bunge en una entrevista telefónica realizada con el diario Clarín publicada el sábado 7 de octubre de 2006:
"El rock es arte comercial. Los rockeros no tienen educación musical, no se han sometido a la disciplina del aprendizaje de la música. Muchos de ellos tienen mucho oído pero, dicho sea de paso, el oído de los rockeros decae muy rápidamente porque tocan música a un volumen tal que aquel se destruye. Para mí, el rock es la negación de la música".
...Mario, querido. Tantos años de ciencia, tantos años en la cima del conocimiento observando desde arriba las coronillas de millones de seres ignorantes y no hubo un colega, un libro, una notita siquiera que te avisara que el organo auditivo es el cerebro ...mis oídos y los tuyos son iguales, aunque seguramente vos padecerás una profunda presbiacusia. Nuestros cerebros, en cambio, son radicalmente distintos. Vos sos el hombre más inteligente del mundo (no de la Argentina como dijo hace mucho tiempo una publicación, porque vos no sos argentino), y yo tengo un cerebro que se interesa en el ruido, y lo que es mejor, lo domina en más de una ocasión, así como algunos pueden hipnotizar serpientes y otros -no es tu caso- dominar a sus fantasmas. jueves, 5 de octubre de 2006
Haber tenido discos en mis manos me lanzó a creer tempranamente que tenía derecho a manipularlos. Semejante escenario no era posible sin mí, sin el disco elegido y sin el tocadiscos Winco, obviamente, un apreciado objeto de aquellas épocas, tal vez el único electrodoméstico por el cual la interacción que hoy se vive con el más allá no era algo inconcebible. Dicho electrodoméstico, culpable de algunos tuvieran la idea de comprar música, se encontraba sobre el televisor. Yo me subía a una silla o una mesa contigua, elegía el material y me quedaba escuchandolo hasta el final. Esto pudo haber sido el germen de mi interés en el disco-obra, en la obra de concepto.
Había discos de tango, folklore, clásica, boleros y también mucho de la porquería a la que me referí en la intervención anterior.
Curiosamente solamente recuerdo un nombre de mi muy temprana edad: Coco Diaz. Un señor que hacía humor con sus canciones al menos en ese disco.
Recuerdo algunas frases:
"Hay baile en el boliche, ya rezonga la chancha / y los paisanos gritaban ¡vayan abriendo cancha! (...) Qué lindos mozos los de mi pago/que a la botella le llaman trago..."
"Se quema el rancho, se quema el rancho (...) Qué linda fiesta! ¿Quién lo diría? (...) ¡'cha que lo tiró!..."
"Suspira y suspira el pobre celoso / no quiere que nadie..." (no recuerdo más) "Cela de mí, cela de ti, cela de él..." no sé si esta última parte era así, pero sí recuerdo que solía cantarla cuando la gente de mi grupo familiar quería entretener a desconocidos con las "monerías" del nene.
"El pullover todo remendado..." y no me acuerdo más. Pero como volví a escucharlo más o menos 20 años después, creo que hablaba de la moda de aquellos años. Se podría decir que eso hubiera sido radicalmente inconcebible en el folclore de aquella época (o sea el folklore). A mis tempranos 4 ó 5 años alguien se encargó de hacerme notar que el señor no cantaba precisamente la frase: "el culo ver todo...etc, etc"
Con estas palabras o con otras, voy a repetir esto muchas veces en mis próximas intervenciones: es fantástico, casi de milagro hollywoodense, lo que hice por mí mismo a lo largo de mi vida en materia de cultura. Recuerdo un amigo que me contaba que a sus 4 años hacía lo mismo que yo, se subía a una silla y escuchaba un disco. Pero él escuchaba "Dark Side of The Moon". 30 años después, el sigue escuchando "Dark Side of the Moon" y yo no escucho ni a Coco ni al disco de Pink Floyd. Qué pena, amigo...encontraste tu techo tan pero tan pronto.
lunes, 2 de octubre de 2006
Evidentemente mi primer contacto físico con la música fue aquella guitarra de juguete que hacía resonar sin culpa a edad temprana, algo así como 4 años o menos.
Pero hubo otros muy importantes.
Recuerdo que vivíamos en Quilmes y tendría la edad mencionada cuando aquella fiesta o reunión de amigos o asado entre vecinos me brindó la oportunidad de sostener una pequeña pila de discos que transporté de las manos de un adulto a las de otro adulto. Entre líneas se puden interpretar dos cosas en esta actitud. La primera dice: "Alejandro es capaz de hacer bien la tarea y es muy seguro en sus acciones". La segunda sentencia: "la música no tiene ningún valor para mí, así que dale los discos a Alejandrito". Hay otra posibilidad y era que estos dos sujetos que constituían los puntos que uní con mi trayectoria estuvieran ebrios. Lo importante: Puedo recordar lo pesada que me resultaba la pila, algo que se marcó en mi memoria como una hazaña que todavía me hace sonreír. Tan importante que no recuerdo quienes eran los otros dos. Tal vez la memoria juegue conmigo y me haga pensar que eran dos, cuando quizás fue uno que me dijo: "¿me alcanzás eso?" y el otro sencillamente no existió. O, por qué no, se trató simplemente de una decisión mía. Ví los discos y dije: hagamos algo con esto. En todo caso, es notable los vinilos que integraban el montón constituían una música que para mí hoy goza de escasa reputación (O sea que no goza). En otras palabras creo eran una porquería, de modo que es probable que la intuición me llevara a cometer una deliciosa imprudencia, como una actitud premonitoria. Pero claro, si había un riesgo no era otro que el de la reprimenda, ya que el riesgo de perder para siempre la oportunidad de escuchar esa música era escaso, aunque tardara tiempo en comprenderlo.
jueves, 28 de septiembre de 2006

Un día de maravilloso ocio, buscando información sobre un subgénero del rock progresivo llamado Canterbury llegué a un sitio donde se refería no solamente a éste, sino describía también varios otros subgéneros. Me llamó la atención particularmente el Neo-Clasico Progresivo por su referencia a Bartok, así que intenté conseguir material de las bandas que entraban en esta calificación. Y así apareció Art Zoyd. Para mí fue casi una nueva interferencia, un nuevo desdoblamiento en mi vida musical. Un arte sonoro notablemente antipático, notablemente, seductor, con una arrogancia y una audacia capaces de provocarnos una reacción poco racional como quitar el disco de la compactera y romperlo. O tal vez algo tan poco racional como volver a ponerlo de nuevo, de nuevo, de nuevo...
Empecé escuchando Marathonerre, un disco doble que una vez que empieza a sonar es muchas cosas, menos música de fondo. El nivel de inteligente desolación que tiene la experimentación sonora de estos tipos es suficiente para evitar que uno pueda ponerse a leer, a conversar o a navegar en internet y al mismo tiempo escucharlos. Tal vez lo que uno pueda hacer es ver una película, pero no cualquier película...
Es que alguna vez, buscando alguna referencia de prensa supe que Art Zoyd realizaba espectáculos multimedia, algunos de los cuales consistían en la proyección de algún clásico de cine mudo mientras los músicos ejecutan en vivo la música que compusieron para la película. No pude ver, o tal vez no hay videos de esos espectáculos, pero ví una de esas películas, Nosferatu y el efecto fue absoluto. Esta película, como algunos sabrán, es un clásico del terror para el que nadie puede estar preparado, por más que se haya muerto de miedo con lo que sea. No hay forma de estarlo si además debajo o encima de la proyección tenemos a ese mar de lava sonora capaz de dejarnos sin aire. La búsqueda de lo visual se vuelve importante acá. Art Zoyd hace una música que "se ve" o en todo caso necesita ser vista, algo que suelo encontrar en los compositores del siglo XX.
A lo que estos señores hacen desde hace ya mucho tiempo se le suele llamar Ensamble de cámara contemporáneo, música concreta, música de vanguardia, música eletroacústica, o el ya mencionado neo-clásico progresivo. Más allá de que a estas músicas cualquier denominación le queda pobre, elijo la primera. y siendo alguien que toca rock, me pregunto si no sería interesante hablar con frecuencia de "ensamble de rock contemporáneo" o "rock de cámara" o alguna denominación que se le parezca. En todo caso la idea de "música para ver" es curiosa. Introducir elementos de música electroacústica en el rock es algo fascinante. Coquetear con lo experimental nos deja parados en medio de una batalla en la que generlmente se pierde, pero en la que se quiere volver a pelear.Art Zoyd da cátedra del desconcierto.
A veces un músico se resiste a ser público. Entonces todo ese sonido que sale nos deja desnudos, protestando por no saber como llegar hasta ahí, preguntándonos más de una vez cómo lo hacen. Y veo que esta cosa indescriptible que hacen estos franceses refleja años de resistencia, de pensamiento claro, metódico y caótico (no, no es un error). Años de diseño y desarrollo de ideas únicas, Años de crecimiento y de arte.
Nunca escuché Art Zoyd en radio. No se si alguna vez lo voy a escuchar. Y no se si me interesa. Me interesa que lo escuchés vos, aunque sea para decir que estoy loco y que da la impresión de que me pagaron para que escribiera sobre ellos.
Recomiendo: Marathonerre I y II, Nosferatu (Mi favorito, y ni hablar si al mismo tiempo se ve la pelicula) Faust (con la película o nada) y Metrópolis (si alguna vez tu papá te dijo que el rock es ruido, mejor no le muestres este disco). En estos días estoy escuchando Phase IV, aunque seguramente cuando comente una obra elija Nosferatu, especialmente porque cuando presenté en el Club del Ruido fue aceptada la idea de acompañarla con la película. Lo que además fue una buena oportunidad para que todos la vieramos en compañía, aún quienes la conocíamos
martes, 26 de septiembre de 2006
Paatos, una banda sueca cercana al progresivo bien helado ya tiene un disco posterior al mencionado Kallocain. Como en el club del ruido hay otra forma de entender la novedad, más parecida a escuchar progresivo (o sea, la novedad no está precisamente en la radio), elegí este, que he escuchado mucho más que el nuevo (otra joya). Transcribo un resumen de lo que comentamos aquella noche en que me tocó presentar esta obra a mis amigos. Omitiré en este caso (y probablemente en todos) aclarar cuales comentarios me pertenecen. También dejaré de lado los comentarios negativos y las críticas constructivas. Como ya dije, si esto fuera una crítica, llegaría un poco tarde o estaría comentando el disco nuevo.
Por qué nos gustó escuchar Paatos:
Porque al igual que Flowerkings, Sigur Ross, White Willow o Terje Ripdal, provienen de un país donde hace frío.
Porque son oscuros, pero no idiotas. Eso se llama sabiduría.
Porque la cantante se llama Petronella, es bella y agradable, canta como una diosa y toca el cello. Ah, y tiene dientes grandes.
Porque la única estrella es la música.
Porque saben experimentar, pero por sobre todo saben cuando no hacerlo.
Porque la música provoca la sensación de estar en un lugar cómodo, que huele bien, donde no abundan los colores fuertes, y la luz del sol no da en la cara.
Porque el sonido se parece a muchísimas cosas (abundan las comparaciones con Portishead, por ejemplo), pero nada se parece a Paatos ¿Se entiende?...eso es entender el arte desde un lugar superior.
Porque tienen buena poesía.
Porque me dan ganas de tocar con ellos.
Porque suenan poderosos, pero no pirotécnicos.
Porque en el desarrollo de los temas pasan cosas, y eso hace que los shows sean distintos entre sí según el orden.
Porque sonarán muy Bristol, pero a Petronella yo le creo más que a Beth Gibbons (en este caso sí aclaro que este comentario no me pertenece).
Porque los produjo Steven Wilson.
Porque el sitio web tiene fondo negro.
Porque entendieron el ruido.
Sin duda, lo que más sobresale es la cantante, además de ser más que fundamental para aportar algo de pasión a la desmesurada inteligencia que aportan los hombres de la banda.
Tal vez no escuchemos otra vez esta banda en el CDR pero algo voy a tener que comentar sobre el trabajo más nuevo, Silence of Another Kind. Es un disco fascinante, y ratifica lo escrito, al menos en parte




